dimecres, 29 de gener de 2020


Autismo y deporte, autismo e infancia, infancia y deporte

Escrito por Llanos Gallo - Fundación Planeta Imaginario


Todavía ocurre, aunque cada vez menos, que cuando una persona escucha la palabra autismo, se le tuerce la mueca. Casi siempre, porque no sabe qué es el autismo, y puede asustar. El autismo es un trastorno generalizado del desarrollo que afecta áreas clave de la evolución de un niño, como el desarrollo del lenguaje, la interacción con hermanos o iguales, el juego, el comportamiento…





A veces llaman la atención, e incluso pueden parecer maleducados sin serlo. No pasa nada: seguimos teniendo muchísimo trabajo por hacer para que estos niños con autismo de hoy tengan el reconocimiento que se merecen mañana, y en ello estamos, y lo vamos a conseguir. Los niños con autismo son deportistas de élite: entrenan a diario muchas horas con un súperequipazo formado por padres, hermanos, maestros, terapeutas y médicos de vez en cuando para enfrentarse a las olimpiadas de su día a día. Entrenar para salir a la calle cuando el ruido, molesta, contestar a mamá cuando les llama, no enfadarse cuando algo cambia en su rutina, saludar y despedirse a su manera al entrar en la clase...



Al margen de este deporte de alto riesgo que les supone el día a día, prácticamente todos ellos son capaces de realizar actividades físicas igual que cualquier otro niño. Es imprescindible enseñarles estas actividades y combinarlas con la terapia que necesitan. Sé que cuesta mucho trabajo y sé que vale la pena por todos, por el niño con autismo y por el niño sin autismo. Si les enseñamos a hacerlo, serán capaces de realizar una nueva actividad, en un entorno diferente, más desestructurado que los ámbitos habituales y casi siempre al aire libre. Gracias a todo esto, conseguimos lo que la gente del ramo llamamos “generalización de conducta”, que para el resto es solo una actividad de recreo, pero para el niño con autismo es desplegar unas alas que estaban escondidas, tan escondidas que parecía que no existieran.

Una vez extendidas y una vez saboreada la victoria de superarse a uno mismo, resultará mucho más fácil aprender otra cosa, ya sea a nivel físico, de conducta o de aprendizaje escolar, porque cada barrera que supera un niño con autismo es abrir una nueva puerta a un futuro mejor para él y su entorno.

Hemos de ser conscientes de que, con autismo o sin él, son niños, y les gusta moverse, jugar, que les aplaudan, y les gusta la sensación de sentirse bien después de una carrera hasta el final del parque, un paseo en patinete o meter un gol. Todas estas actividades también son deporte, también implican superar muchas barreras y pueden ser un buen puente de comunicación entre el niño y el familiar o el niño y el terapeuta. No hay que olvidar que cada vez que un niño con autismo da un paso y vence un obstáculo, por pequeño que sea, son más de 100 personas que lo dan con él: padres, hermanos, abuelos, maestros, educadores… Y qué mejor manera de celebrarlo que con una actividad al aire libre.






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